“Ha fallecido Juan Antonio Cebrián, de repente, por culpa de un infarto
traicionero que llegó esta tarde sin avisar, sin darle ocasión a Juan
Antonio de despedirse de ustedes, la familia de los oyentes de Onda
Cero y la familia de sus oyentes de La Rosa de los Vientos”

Esta noche la familia de Onda Cero, y la familia de La Rosa de los
Vientos, está enlutada. Hoy la vida -siempre imprevisible- nos ha
dejado sin uno de los grandes de este medio. Sólo la muerte le podía
impedir acudir a la cita con la audiencia. Sólo la muerte podía
apartarle de este micrófono que era suyo. Esta es la noticia que ojalá
nunca hubiéramos tenido que dar. Que se nos ha ido Juan Antonio
Cebrián. Uno de los grandes. Uno de los buenos. Uno de los nuestros.

Llevo años siguiendo su programa, muchas noches en vela esperando a La Rosa de los Vientos, y aguantando el sueño para no perder detalle de la tertulia de las Cuatro C (con Jesus Callejo, Bruno Cardeñosa y Carlos canales), el espacio Azul y Verde, noticias sobre ciencia, leyendas, el gran monográfico “La Zona Cero”, ecología, historia y disfrutando de las anecdotas que de madrugada en cada programa nos acompañaban, como su gran chiste de “James el cangrejo”.

Cebrián hacía que esas madrugadas fueran especialmente familiares y acojedoras. Gracias a ese programa y a lo buen presentador y divulgador que era, descubri a los periodistas de las Cuatro C, al egiptólogo Nacho Ares, José Manuel Escribano, Nacho sierra, Juan Ignacio Cuesta, Tico Medina, Luján Arguelles y el también desaparecido Jimenez del Oso entre otros.

Sin duda ya no será lo mismo sin el gran Juan Antonio Cebrián. Esperemos que allá donde esté se encuentre como decía tantas noches al comienzo de La Rosa:

“éste que os acompaña aquí, encantado y feliz como una lombríz, vuestro amigo y compañero Juan Antonio Cebrián”

Hasta siémpre compañero.

Donde la noche se enamora del misterio, y envuelve con su capa a esas almas heridas de soledad, para que no mueran de frío. Donde la noche se transforma en una luz y acuna la imaginación y los sueños de libertad. Donde la esperanza camina de la mano del saber. Donde te espero, en la Rosa de los Vientos.

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